La retransmisión no hace justicia a La Monumental: Madring parece Valencia o Sochi en TV

hace 15 horas

La televisión no le hace justicia al Madring. Esa es la tesis, clara y algo incómoda, que deja el primer fin de semana del Gran Premio de España en Madrid: un circuito exigente y con carácter cuando se ve desde el asfalto, y un trazado más plano, más genérico, cuando se sigue en la señal mundial.

Durante los Libres 1 recorrimos varios puntos de la primera mitad de vuelta y vimos un escenario espectacular para un monoplaza de Fórmula 1. Horas después, desde el centro de prensa y con la world feed encendida, el mismo lugar parecía otro: más anodino, más cerrado, más parecido a otros circuitos urbanos de catálogo.

No es un capricho de cámara. Es el precio habitual de estos trazados “urbanos” o semipermanentes. Vallas, muros y barreras ocupan casi todo el encuadre. Los puentes de Pirelli, American Express y el resto de patrocinadores cortan la vista. Queda poco margen para colocar cámaras con fondo limpio, sin baños portátiles, sin infraestructuras temporales, sin el ruido visual que acompaña a un recinto montado a contrarreloj alrededor de IFEMA.

El resultado es paradójico. El Madring no es Suzuka ni Spa, pero sí es —en palabras de Charles Leclerc— “un circuito de compromiso”. Es decir, exactamente el tipo de pista que pilotos y aficionados suelen pedir cuando llega un trazado nuevo: poco margen, castigo inmediato si se pide demasiado y recompensa si se ata el coche al límite. Esa lectura, sin embargo, llega a casa sobre todo por las cámaras a bordo, que aquí cargan con un peso que en otros circuitos comparte con planos laterales y aéreos más elocuentes.

Hay un aplanamiento inevitable. Quien haya visto Eau Rouge en persona sabe que ninguna retransmisión reproduce del todo esa pendiente. En Madrid ocurre algo parecido con los cambios de cota: se intuyen, pero no se sienten. Lo que más se pierde no es solo la altura, sino lo implacable del trazado: tramos en los que un palmo de más o de menos decide décimas, y en los que el error no se perdona. Esa dureza debería llegar al espectador, no quedarse reservada a quien está en el muro.

El ejemplo más claro es La Monumental. Concebida como un caldero al estilo del estadio de México, con público apiñado sobre una curva larga, peraltada y de consecuencias serias si se sale, en televisión se aplana. El ángulo bajo y el elevado, que no llega a serlo del todo, le restan grandeza. Hay tramos que, en pantalla, recuerdan más a Miami o a Sochi que a una apuesta con identidad propia.

Parte del problema está en el entorno. El circuito se incrusta en y alrededor del recinto ferial. Los pabellones y su logística son, por definición, funcionales. Se aprovechan bien algunas soluciones —los hubs de ingeniería de los equipos, más interiores que las unidades de hospitalidad, que quedan fuera—, pero el paisaje sigue siendo neutro. Poco grita “Madrid”. El circuito queda en la periferia, no en el corazón de la ciudad, y esa distancia se nota también en imagen.

Nada de esto niega el salto técnico de las retransmisiones actuales. Comparar la señal de hoy con una de hace treinta años basta para ver el progreso. El problema es otro: la televisión es, para la inmensa mayoría, el único Gran Premio. No se puede vender ilusión por una carrera inaugural y luego mostrarla tan por debajo de lo que el asfalto ofrece.

Hay un consuelo práctico. El año que viene el Madring habrá “asentado”: menos improvisación, más limpieza, posiciones de cámara ya ensayadas. Aunque no se tome ninguna decisión consciente, la imagen debería mejorar. Aun así, Straw pide algo más: pensar de verdad cómo presentar un circuito con personalidad, no solo cómo cubrirlo. El ribbon de asfalto está bien resuelto. Falta que el mundo lo vea como lo ven quienes están al borde de la pista.

Mientras tanto, el aficionado español podrá seguir el fin de semana en DAZN y, en abierto, en Mediaset: Be Mad para los libres y Telecinco para la clasificación de este sábado y la carrera del domingo, con previos largos y simulcast en Mediaset Infinity. La señal oficial será la misma world feed que Straw criticó. El Madring, de momento, pide que el espectador complete con la imaginación lo que la cámara todavía no cuenta.

Christian García

Redactor jefe de Fórmula F1.

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