_________ ” CONTRA MOLINOS Y GIGANTES “ __________
Como nuestros pasos esta semana nos han llevado a transitar tierras de la vieja península, aprovecharé para iniciar el relato con una particular recreación de un fragmento de una de las obras cumbres de la literatura universal. Ustedes ya sabrán disculparme tal osadía, y entenderán el símil propuesto, seguro que recuerdan el capítulo:
“— Mire vuesa merced, que no son gigantes contra los que quiere acometer… que de aquesta no salimos bien parados… ¡que son molinos de viento!
— ¿…y qué tanto da, fiel Sancho, gigantes que molinos?, allegados a este punto, no queda sino seguir adelante, por más que ya lo vea claro… Cabeza erguida, amigo. ¡Carguemos!
Y el Caballero de la Orgullosa Figura, Don Fernando, tensó la mandíbula, prieta con fuerza el asta entrecerrada en su guantelete, picó espuelas a su ya fatigado rocín rojo. Y cargó.”
Y unos lo tildarán de loco, otros de iluso, otros de poco seso. Hay quien ve inútil y poco realista seguir a estas alturas, y visto el percal que se cuece, continuar ese afán, y no dar el asunto por vendido, o por vencido. Creer aún en mínimas esperanzas, por muchos gigantes que la FIA “and company” te crucen en el camino. O incluso por muchos molinos de viento, en forma de limitaciones en tu propia montura con que te topes y estrelles… creer aún en esas mínimas esperanzas, ser como él mismo dice un testarudo, no dar el brazo a torcer, pensar en que es posible ganar, y salir con esas a la batalla… eso, señores, es ambición, es orgullo, es espíritu de superación. Eso, caballeros, es competición. Eso, es F1.
Pero hubo muchas cosas en Barcelona. Aquí los equipos llegan tradicionalmente a estrenar los primeros grandes paquetes evolutivos de la temporada, que pueden marcar quién seguirá en la brecha, y quién puede empezar a perder comba, aunque no siempre es así de matemático.

Si bien la carrera tuvo buenas dosis de emoción, en determinados tramos, he de reconocer que me esperaba más de este GP de España. Es cierto que al menos pudimos observar, tras tantos años, adelantamientos en Montmeló, y cambios de posiciones. Pero también es cierto que prácticamente todos, o la mayoría de los cruciales, se debieron al exageradamente irregular desempeño de los neumáticos, pues el DRS, a mi al menos, me decepcionó.
Y es que al final, este trazado sigue siendo “ese trazado“, y por mucho que nos habilitaran el mayor tramo de uso de alerón móvil en lo que va de temporada, el circuito en sí, engulló con voracidad sus ventajas, dejándolas en nada… me explico: la última curva antes de la recta, sigue siendo una curva rapidísima, de apoyo total, una curva 100% de aerodinámica… y la activación del DRS se encontraba aún a casi 200 metros de esa curva, con lo que los monoplazas, atendiendo a esas características aerodinámicas, quedaban imposibilitados de “pegarse” los unos a los otros en la negociación de tal curva… con lo que la distancia que adquirían, se mantenía (incluso se aumentaba) hasta la zona de activación, por lo que luego ya era demasiado tarde y no daba margen a que el DRS limara tal diferencia antes de la frenada.

Esto se apreció claramente en los dos duelos estelares (Alonso-Webber, y Vettel-Hamilton), en los que ambos coches perseguidores eran claramente más rápidos en ciertas vueltas, pero no pudieron pasar ni con el DRS a favor. En mi humilde opinión, aquí estuvo uno de los errores garrafales de los responsables en la ubicación de este dispositivo… y hago una sugerencia: ¿no habría sido un acierto poner el inicio del DRS justo tras acabar la curva o en su zona final? Los coches saldrían más pegados, no daría lugar a coger y administrar tanta distancia, y aunque lo tengas que desactivar 200 metros antes de la frenada, ahí ya van lanzados a tope, con los deberes hechos (hayas adelantado o no), y luego en iguales condiciones llegas a la primera curva, y el que más frene, frenador. Pero bueno, no soy experto en esas materias, y puede que esté diciendo alguna burrada en mi sugerencia… quién sabe.
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