Hace apenas una semana, éramos testigos de un caso poco habitual en este deporte: la sustitución “in extremis” de un piloto titular por un suplente, en este caso fue S. Pérez quien dejó su volante en manos de Pedro De la Rosa, a raíz de las consecuencias que arrastraba tras el violento choque sufrido una semana antes en las calles de Monte Carlo.
La situación, se torna si cabe más excepcional, si tenemos en cuenta que fue el propio piloto mejicano, quien tomaba la decisión de bajarse del coche tras disputar la primera tanda de entrenamientos libres de Canadá, en la que notó serias molestias que le llevaron a “auto-descartarse” de la cita. Tal decisión es harto extraña en los pilotos, a los que su extrema competitividad y voracidad, les hace aferrarse al asiento, teniendo prácticamente que “obligarles” los facultativos a mantener los plazos de recuperación y reposo necesarios. Por ello, es de lógica pensar que las molestias de Pérez en Montreal, en modo alguno hubieron de ser cosa trivial. Así mismo, es de recibo reconocer la honestidad y responsabilidad de Checo Pérez, con una decisión en la que hace gala de una enorme madurez, pese a su corta edad.
El propio piloto, que volaba a su país desde Canadá, para ponerse en manos de su fisioterapeuta, y realizar una preparación específica, dirigida sobre todo a paliar las consecuencias del brutal choque de Mónaco, declaraba este viernes que “… me he dedicado a prepararme para la próxima carrera. Me siento muy bien y estoy muy impaciente por correr en Valencia.”
No obstante, nos consta que esta vez, en Sauber están sobre aviso por si esos “malestares” reincidieran, y más preparados por si tuvieran que echar mano otra vez de los servicios de un tercer piloto, ya fuera el propio Pedro de nuevo, o quién sabe si de Esteban Gutiérrez.
El caso es que este tipo de accidentes, suelen ser mucho más complejos y menos nimios de lo que aparentemente pueden dar la impresión: hablamos de golpes y desaceleraciones brutales, que pueden afectar de manera muy dispar, por más que el impacto en sí sea parecido, en unas u otras ocasiones. Así, hemos visto casos como el de Robert Kubica durante el GP de Canadá de 2007, que se saldó con apenas unos pocos días de descanso y rehabilitación… o casos como el impacto sufrido por Felipe Massa durante el GP de Hungría 2009, cuyas consecuencias lo tuvieron apartado muchos meses de la competición. Estos casos son incidentes algo diferentes en su naturaleza, pero nos valen para ejemplificar el tema que tocamos: las muy diversas complejidades de las lesiones, cuando los órganos afectados son extremadamente sensibles (cerebro, cuello, cervicales, columna…)
Desde FórmulaF1, nos hemos puesto en contacto con el Doctor F. Vázquez, médico especialista en Neurología (a quien tengo el honor de conocer desde hace bastantes años, debido a una dilatada relación y colaboración en diversos espacios tocantes a la F1). El Dr. Vázquez, profundo conocedor de este deporte, y con una amplia experiencia en este tipo de lesiones, ha tenido la amabilidad de atendernos, permitiéndome que les transcriba palabras suyas, anteriormente publicadas, y ampliando, incluso, para todos ustedes, su interpretación sobre el tema que nos ocupa.
Este ha sido el resultado de esta colaboración, absolutamente desinteresada por su parte, e interesantísima, por la nuestra, ya que rara vez se tocan estos temas en profundidad, y más viniendo de una autoridad en la materia. Les dejo con la explicación del neurólogo:
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>>Ante las dudas acerca del retorno o no de Sergio Pérez a la competición en el GP de Europa, lo más complejo del caso es que no hay ningún parámetro objetivo que pueda medir el nivel de recuperación ante un cuadro de este tipo, donde se funden aspectos físicos y psicológicos potenciándose entre sí.
Hay gente que tras un accidente de estas características, se recupera en 3-4 semanas, como hay gente que renquea durante meses. Incluso para las actividades de la vida cotidiana. En los casos más extremos, gente en la que la impresión es que los aspectos psicológicos son determinantes, nunca llega la recuperación completa. Digo que da esa impresión, porque no es posible demostrar la existencia o la ausencia de alteraciones físicas que provoquen los síntomas de inestabilidad relacionados con los cambios de posición y/o situaciones de estrés o necesidad de concentración máxima. En personas que obtienen beneficio económico o afectivo o de otra índole, la cosa es aún más compleja.
Pero yendo a ‘lo normal’, en una persona joven y físicamente bien preparada, y considerando la brutalidad del impacto, en el que sin la altísimas medidas de seguridad actuales la muerte hubiera sido prácticamente segura e instantánea, yo diría que la recuperación total puede producirse perfectamente en menos de 2 meses, pero no sería de extrañar la persistencia de síntomas durante 3-4 meses.
Habría que hablar con Sergio Pérez para saber hasta qué punto la persistencia de síntomas es incapacitante para su actividad profesional, porque no es lo mismo montar muebles, que sellar impresos, que conducir un F1.
En muchas ocasiones, el nivel de responsabilidad de la ocupación laboral (desde la exigencia de un ama de casa, que puede ser altísima por el resto de miembros de la familia, hasta la dirección de una gran empresa) está más relacionada con la reaparición de los mareos, nauseas y sensación de malestar general invalidante, que la actividad física en sí.
El problema de un piloto de F1 es que el nivel de exigencia mental y física es máximo durante un tiempo muy prolongado. No es de extrañar que Pérez pudiera aguantar la primera sesión de libres en Canadá, y a medida que se incrementaba la carga de trabajo y el nivel de responsabilidad, los síntomas se fuesen intensificando hasta tener que abandonar su labor.
Muchas veces es necesario afrontar y traspasar ese límite “semi-psicológico” y “semi-físico”, para ganar autoconfianza, de forma que la sugestión psicológica positiva -”sé que puedo”- actúe como amortiguador del creciente malestar físico y permita así avanzar en la recuperación. Esto es más fácil cuando hay más margen de error y en caso de fracaso en el ejercicio profesional, las repercusiones sobre terceros son mínimas. En el caso del piloto de Sauber eso tampoco juega a su favor. Sería más fácil, paradójicamente, para un piloto como Hamilton, por ejemplo, a pesar de tener más exigencia por sus prestaciones, pero contar con un fuerte respaldo del equipo y la serenidad de saber que en el peor de los casos (no recuperar jamás el nivel) las mayores expectativas a su llegada a la F1 ya están copadas.
Como ven, la fragilidad moral, es tan importante y determinante como la vulnerabilidad física, de la que apenas he hablado, y que básicamente -en ausencia de lesiones a nivel del sistema nervioso central (encéfalo y médula espinal), lo cual doy por sentado- depende del nivel de daño a nivel del aparato vestibular del oído interno (la conmoción por el fortísimo impacto con la consiguiente aplicación de energía), a nivel de los conductos semicirculares y demás estructuras que en este pequeño órgano captan los cambios de velocidad angular y lineal y los transmiten al cerebelo y cerebro para su integración y percepción consciente y, por otro lado, el daño generado a nivel de la musculatura y ligamentos de la región cervical, en cuyo interior, como en el resto de músculos y ligamentos del cuerpo humano, hay unos sensores de posición (husos) que detectan la elongación o acortamiento de las fibras musculares o tendinosas, y emiten esta información canalizada por los nervios y la parte posterior de la médula espinal hasta el cerebro y cerebelo, integrándose junto con la información vestibular y visual para conformar el sentido del equilibrio, y hacerse consciente, tal como indiqué anteriormente. Estas alteraciones serían las causantes de los mareos, inestabilidad y malestar general, independientemente del dolor en sí que pueda haber en cuello, espalda u otros lugares del cuerpo.
Algunos tratamientos farmacológicos pueden aliviar los síntomas y acelerar la recuperación, pero en general, la eficacia es limitada y pueden provocar efectos secundarios como sedación, que no son lo más idóneo para un piloto, sin entrar en el asunto del dopaje, del que no tengo conocimiento específico. Pero en algunos pacientes la respuesta es satisfactoria. También los tratamientos con medidas físicas (fisioterapia, etc.) pueden ser de utilidad y cobran aún mayor importancia en personas que no toleren o rechacen el consumo de medicamentos.
Para concluir, a diferencia de la fuerza muscular, la percepción visual o la percepción auditiva -funciones vehiculizadas por el sistema nervioso que sí pueden medirse- la disfunción de la sensibilidad propioceptiva (de los husos musculares y tendinosas) y del aparato vestibular, es mucho más difícil de cuantificar, y es por eso por lo que es impredecible saber cuándo Sergio Pérez estará recuperado. Puede estar recuperado para levantarse, vestirse, salir de casa, asistir a una reunión, viajar en avión o conducir su coche, pero en el momento de la máxima exigencia, reaparecer la sintomatología, lo cual es especialmente frustrante para el paciente y por tanto contribuye a quebrantar la fortaleza psicológica del afectado, desencadenando o agravando una sugestión negativa que puede llegar a perpetuar el problema, como ya expliqué.
En fin, una patología que puede ser banal, una anécdota, o llegar a ser una auténtica pesadilla, que convierte al afectado en incapaz e incomprendido.<<
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Todo parece indicar, y así lo esperamos, que lo expuesto en la última expresión del especialista, no sea el caso de Sergio Pérez, y desde estas páginas, deseamos que se encuentre cien por cien recuperado y sin secuela alguna… pero como podemos observar, tras la genial e ilustrativa exposición, no hay que tomar a la ligera este tipo de lesiones… tampoco alarmarse, pero sí mantener una perspectiva de cierta cautela.
Sin más, desde FórmulaF1, no podemos dejar de agradecer al Dr. F. Vázquez su deferencia hacia todos ustedes. Gracias por su tiempo y dedicación, con esta desinteresada colaboración en una exposición tan ilustrativa y aclaratoria.
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>> Fuente: Fernando Vázquez, Doctor Especialista en Neurología
>> Fotos: Sutton y Google Images





Carrera extraña



