Últimamente han aflorado severas dudas sobre el estado de las finanzas de la escudería Force India, sobre todo teniendo en cuenta la delicada situación económica de las empresas propiedad del magnate indio Vijay Mallya.
La empresa de bandera de su emporio es la aerolínea Kingfisher la cual arrastra unas deudas preocupantes y ha activado recientemente un plan de contingencia abandonando rutas y recortando servicios ante la imposiblidad de cubrir los créditos que arrastra, debiendo además varios meses de nóminas a sus empleados así como cantidades ingentes de dinero a las empresas que le suministran combustible o aeronaves en leasing.
Puede que Vijay Mallya se vea obligado a vender una parte aún mayor de su porcentaje en Force India. Algún inversor oportunista (como IPIC en Toro Rosso a mediados de la campaña pasada) podría aprovechar para comprar un porcentaje a la baja en el equipo tal y como hizo Subrata Roy Sahara (propietario del Sahara Group) cuando adquirió el 42,5% de la escudería a cambio de inyectar 75 millones de euros en la misma a razón de 25 millones por temporada hasta 2013 con lo cual el equipo pasó a denominarse Sahara Force India F1 Team.
Según personal del equipo, se rumorea que el presupuesto para esta temporada podría resentirse fuertemente con lo cual el capital a invertir en investigación y desarrollo del nuevo monoplaza podría escasear comprometiendo sus prestaciones a corto plazo.
Si esto ocurriera, no sería extraño ver como Force India, que estuvo luchando con Renault por la quinta plaza del mundial de constructores con Renault durante la temporada pasada, viera amenazado su privilegiado lugar a mitad de parrilla por Sauber, Toro Rosso o Williams.
¿Podría cambiar de manos nuevamente la escudería? Si así fuera, sería la cuarta vez que lo hace después de que el antiguo proyecto de Eddie Jordan (Jordan Grand Prix) pasase a manos de Alex Shnaider (Midland F1) y fuera vendida más tarde a los holandeses de Spyker antes de ser adquirida por Mallya en 2008 por 88 millones de euros.









