El blistering, o formación de ampollas en la banda de rodadura del neumático, fue el protagonista de la última polémica del Gran Circo. Finalmente el blistering que los principales equipos observaron en los neumáticos delanteros de sus coches tras la calificaón no tuvo consecuencias serias durante el GP, y Red Bull logró un espectacular doblete en Spa-Francoschamps, pero toda la tensión acumulada durante el fin de semana ha dejado heridas abiertas. Los reproches y acusaciones entre el equipo energético y la marca de neumáticos italiana han sido varios y el malestar entre ambos es patente.

A Pirelli no le han gustado nada las protestas de Red Bull sobre el blistering que sufrieron en calificación, sobretodo porque el RB7 tenía un ángulo de caída negativa extremo en su eje delantero (mirando el coche de frente, las ruedas “se juntan” por arriba), fuera de las recomendaciones que Pirelli proporciona a los equipos (en la foto superior de Mark Webber en la calificación se puede observar perfectamente cómo apoyan las ruedas delanteras en el suelo sólo con la parte interior). La razón de esta puesta a punto está en que así el monoplaza gira mejor en las curvas, pero el problema es que con las cargas verticales que sufren los neumáticos en Eau Rouge unido a la alta velocidad de rotación, la parte interna de la banda de rodadura se sobrecalentaba. Ni que decir tiene que sufrir un pinchazo o reventón en esa curva a cerca de 300km/h es un asunto serio…
Pirelli analizó los neumáticos de los Red Bull después de la calificación e informaron de que podrían estar sufriendo daños estructurales en la unión entre el perfil y la banda de rodadura, por lo que la preocupación subió muchos enteros. A continuación comenzaron a debatir sobre qué es lo que debían de hacer. Pirelli recomendó presiones más altas y reducir las caídas, pero sin el permiso de la FIA reducir la caída violaría la norma de parque cerrado por lo que tendrían que comenzar la carrera desde el pitlane.
Los debates se intensificaron cuando varios equipos presionaron a Pirelli y la FIA para poder reemplazar los neumáticos ampollados aduciendo que estaban demasiado dañados para comenzar la carrera con ellos. Como medida de precaución Pirelli envió 17 neumáticos delanteros nuevos para sumar a los tres que ya tenían en Spa de repuesto, por si la FIA acordaba que los diez pilotos que tenían que comenzar la carrera con la ruedas con las que calificaron podían sustituírlos. Sin embargo no hicieron falta porque la FIA finalmente decidió que los neumáticos sólo pueden sustituirse si están dañados accidentalmente y no a causa de la puesta a punto de los coches, que es el motivo por el que la FIA cree que algunos coches provocaban ese daño en los neumáticos.

Pirelli cree que en primer lugar no se debería de haber llegado a esa situación y que si sucedió sólo fue por la actitud de Adrian Newey de empujar los límites y el diseño hasta el extremo, saliéndose de sus recomendaciones, que indican que los neumáticos no trabajen con más de 4º de ángulo de caída.
Finalmente estos equipos optaron por salir desde la parrilla con los neumáticos deteriorados, y Newey, que estuvo muy afectado y a punto de dejar la F1 por el fatal accidente de Ayrton Senna con un coche diseñado por él, ha declarado que la de Bélgica fue una de las carreras más aterradoras que ha vivido. Cuando la carrera terminó estaba muy emocionado, pero más que por el doblete, por el alivio que sintió de que ambos pilotos estuvieran a salvo. Lo temprano de las primeras paradas de Vettel y Webber pusieron de manifiesto el temor que existía.
La situación en la que se puso a Pirelli y la FIA fue delicadísima. Red Bull dijo que la situación era cercana a la de Indianápolis 2005, cuando los equipos que montaban neumáticos Michelin no participaron en el GP al no ser seguros en la curva peraltada del óvalo. Pirelli por su parte considera que la situación sólo surgió porque los equipos han sido cada vez más agresivos en la puesta a punto de los coches, y que aunque otros equipos también sufrieron algo de blistering, sólo Red Bull se saltó los límites recomendados. La situación se agravó porque los entrenamientos libres fueron sobre lluvia, de haber sido en seco los equipos habrían modificado los reglajes al analizar los neumáticos.
Pirelli y la FIA estaban entre la espada y la pared. Si aceptaban la petición de poder sustituir los neumáticos crearían un precedente y serían acusados de ayudar a Red Bull, y si no la aceptaban y había un accidente sería mucho peor…
El director de Pirelli Motorsport, Paul Hembery dejó claro su mosqueo: “No nos gusta que se nos ponga en esta situación. Es una posición algo injusta. Por supuesto que podía haberse evitado”
fotos: grandprix